Giovanna Silva. Discotecas, arquitecturas del gadget, arquitecturas de la experiencia. Co-escrito junto a Chiara Carpenter


Nightswimming es una crónica de las discotecas narrada de una manera subjetiva, incompleta y, de algún modo, parcial, pero siempre con un propósito claro en mente: el análisis del espacio. No cabe duda de que la historia de las discotecas es un fenómeno antropológico además de arquitectónico. La evolución cultural y económica de la sociedad ha ido transformando progresivamente la idea de la diversión y, por lo tanto, también los espacios en los que esta se construye y se configura. Estos lugares se han ido ajustando de forma gradual a modas y demandas nuevas y se han ido modificando y actualizando hasta llegar a la paradoja actual: hoy en día, las discotecas casi nunca son espacios diseñados por arquitectos, sino que, más bien, son ocupaciones transitorias de recintos destinados a otras funciones.

Las discotecas podrían definir bien la idea de “arquitectura del gadget”, en la que los dispositivos y la máquina cobran una gran importancia para generar una experiencia de inmersión sensorial, una de las propiedades que ha importado a la arquitectura moderna. El escritor y crítico Reyner Banham hablaba de una “segunda era de la máquina” para referirse a un contexto en la que los dispositivos electrónicos de tipo doméstico revolucionaron tanto la arquitectura como la sociedad. Los focos y los altavoces constituirían, en este sentido, la más avanzada de estas pequeñas tecnologías, capaces de construir una experiencia colectiva.

Si entendemos la discoteca como un todo, la música podría, entonces, convertirse en un elemento más de la partitura. La discoteca se puede entender como la última de las tipologías arquitectónicas consecuencia de una visión positivista de la máquina. Un proyecto hedonista colectivo que tendría su origen histórico en la central eléctrica (recordemos que Berghain, la mítica discoteca de Berlín considerada por muchos como un templo del techno, está ubicada en una antigua central eléctrica) y que toma forma a través de una serie de dispositivos electrónicos. En esta suma de capas que conforman el espacio del club, la música sería uno más de estos dispositivos. Y es que la música electrónica lo es en dos sentidos: se produce y reproduce mediante dispositivos electrónicos.

Las fotografías de Giovanna Silva en Nightswimming, proyecto, en su conjunto, de Silva y Chiara Carpenter, diseccionan la discoteca: desde la arquitectura vacía a su activación con la presencia de los cuerpos. En las mismas observamos como, efectivamente, muchos de los espacios utilizados hoy como discotecas tuvieron otras funciones en tiempos pasados. Así mismo, la mayoría de ellos, reflejan cierta idea de palimpsesto, en la que tanto las paredes como el mobiliario y el resto de objetos demuestran haber ocupado otros lugares anteriormente, haber tenido otros usos. Usos que, además, también estaban ligados con cierta idea de promesa de progreso gracias al avance de ciertas tecnologías: televisiones de tubo, asientos de metro, antiguos candelabros, etc.

En este presente pandémico, estas imágenes de discotecas y clubs vacíos ganan nuevos significados en los que parece que no solo las tecnologías quedan obsoletas sino también ciertos modos y hábitos de vida. Quizás sea un buen momento para pensar qué nuevos espacios deben ocupar los cuerpos para poder bailar de nuevo. Sonia Fernández Pan menciona en su texto presente en esta misma revista, que el hecho de que muchas discotecas se ubiquen en antiguas fábricas demuestra una simultaneidad de la economía, un ciclo de producción que se completa. ¿Ocuparán las nuevas discotecas espacios digitales? ¿Será el ordenador herramienta de trabajo y herramienta de ocio en la que bailar con una identidad digital?*

*La idea de espacio digital en el contexto de la fiesta se toma del trabajo de Ontologías Feministas, colectivo que ha trabajo alrededor de la idea de fiesta virtual en conferencias como "Mal (de) baile: un challenge" dentro del festival Byte Footage en octubre de 2020

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Giovanna Silva. Night clubs: architectures of the gadget, architectures of experience. Co-written with Chiara Carpenter


Nightswimming is a history of discotheques, told in a subjective, incomplete and somehow partial way, but always with a clear purpose in mind: the analysis of space. The history of dance clubs is undoubtedly an anthropological as well as architectural phenomenon. The cultural and economical evolution of society progressively transformed the idea of entertainment, and consequently also the spaces in which it is formed and shaped. These places have been gradually adjusted to new requests and new fashions, modified and updated, until we reached the contemporary paradox: nowadays discotheques are hardly ever spaces designed by architects, they are rather temporary occupations of spaces which are dedicated to other functions.

TNight clubs are a good example of the concept of the “architecture of the gadget”, in which devices and the machine are central to the creation of an experience of sensory immersion, something of interest to modern architecture. The writer and critic Reyner Banham spoke of a “second machine age” in referring to a world in which domestic electronics would revolutionise architecture and society. Lights and speakers would build the most advanced of these small technologies, capable of creating a collective experience.

If we understand the club as a whole, music could thus become just another part of the score. The club can be seen as the last of the architectural typologies deriving from a positivist vision of the machine, a hedonistic collective project that has its historical origins in the power station (Berghain, the legendary Berlin club regarded by many as a temple of techno, is housed in what was once a power station) and which takes shape through a series of electronic devices. In this layering that makes up the space of the club, music would be just another of these devices. And that is what electronic music is in two respects: it is produced and reproduced by electronic devices.

Giovanna Silva’s photographs in Nightswimming, a project in which she collaborates with Chiara Carpenter, dissect the night club: from empty architecture to its activation through the presence of bodies. In them we see how many of the spaces now used as night clubs once had other functions. Most of them can thus be seen as a palimpsest on which walls, furniture and other objects reveal that they have previously occupied other places and had other uses. These uses were also linked to the promise of progress through the development of certain technologies: cathode-ray tube TV sets, subway seats, old candlesticks, etc.

These images of empty clubs take on new meanings in this pandemic, with technologies seemingly rendered obsolete and some lifestyles too. This might be a good time to ponder which new spaces bodies can occupy so they can start dancing again. In her contribution to this issue, Sonia Fernández Pan states that the fact that many clubs are housed in old factories reveals a simultaneity in the economy, a production cycle that is coming to an end. Will new clubs take up residence in digital spaces? Will the computer become the working tool and leisure tool through which we will use digital identities in order to dance?*

*In this case, the concept of digital space within the context of the party comes from the work of Ontologías Feministas, a collective that has explored the idea of the virtual party in talks such as "Mal (de) baile: un challenge" (Dance Sickness: A Challenge) at the Byte Footage Festival in October 2020.